Hay una vacante en mí. Un trabajo nocturno. De once de la noche, hasta las once y seis. Necesito de alguien que me llame, que no me toque: que me llame y me diga que me quiere, que me duerma, que soy la verga, y esas cosas. Alguien que no me hable, que me susurre todo eso. Con ternura, al mejor estilo de una canción de cuna. Que me deje soñando, delirando con su voz y que yo sea capaz, sin esfuerzo, de soñarme con su cara.
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