29 may 2011

Hoy parece domingo por la tarde. Llueve. No hay sol, ni cielo azul. Sólo hay nubes. Nubes grises. Tal vez, si las enfermedades se somatizan, uno tenga la capacidad de entender el clima como catarsis de uno mismo. Quiero decir: lo más seguro es que yo me sienta hoy como un domingo por la tarde; lluviosa, sin sol, ni cielo azul; sólo nubes: nubes grises. Es ese sinsabor de las obligaciones aplazadas, los abrazos no dados y las manos sin entibiecer. Para mí, eso es un domingo por la tarde. La ausencia más grande del derecho, sumada con la presencia abrumadora de los deberes. No preguntar después qué tienen los domingos en la tarde, que hacen que llore por delicadezas; por goticas, vienticos y fríos instantáneos.

26 may 2011

call me irresponsible

La humanidad y yo nunca hemos sido grandes amigas. Incluso, siempre he cargado conmigo un delirio por cambiarla. Difiero de ella en muchas cosas. No me gusta su quietud, su superficialidad, su falta de memoria, ni su maleabilidad, y tampoco sus planes de salubridad. Está llena de dudas, quejas, complejos, vicios y afanes que la ciegan de toda realidad. No me gusta la humanidad. Sin embargo, la mayor diferencia que tengo con ella es que no (1) ama como yo. A mí me parece lo más natural, obvio, razonable, casual y consecuente amar(1). No entiendo cómo, los otros siete mil millones de personas que abusan del planeta conmigo, no (1) aman como yo lo hago. Puede haber personas que se me acerquen pero, estoy segura de que sus esfuerzos no serán suficientes, porque nadie (1) ama como yo. No es prepotencia lo que siento. Simplemen(1), sólo yo sé cómo (1) amo, cómo amar(1). Y no me importa que los siglos y las personas pasen, mientras yo me quede en esta solitaria y feliz forma de vida amando(1).

22 may 2011

ballenas

Frío de mierda
Añadidura de mis errores
Calor que falta en mi parte izquierda
Sólo oigo roedores.






17 may 2011

cálculo

Me gusta el agua. Me gusta el agua en todas sus versiones. A veces, me alcanza una sed abrumadora. Pero, esa sed se calma con sólo humedecer las yemas de mis dedos. Y es que la sed que yo padezco es más mental que fisiológica.
Es una sed posesiva. No quiero que nadie, nadie tome del agua que es mía, aunque entiendo su pasión por dar de beber a los demás. Precisamente, por eso es agua, y por eso me encanta. Me gusta tanto el agua, que prefiero empaparme que humedecerme; sumergirme en ella, que tomármela.
Me gusta el agua porque está en todas partes. A veces, cae del cielo, otra veces se estanca en el suelo, sale de los ojos de alguien, es disparada desde la boca de alguien más; unas veces es café, otras es azul, y otras no se ve. De todas formas, es agua y siempre está ahí: cerca. Amo el agua porque es generosa, nada la detiene y sólo gracias a ella hay vida.
He entendido -a las malas- que la tengo que compartir, y a las malas -entonces- la comparto. No obstante, tanto ella como yo, sabemos que me pertenece: que le pertenezco, por esta sed que ahora cargo conmigo siempre. Soy del agua, como quien es de la libertad porque es libre; como quien es del amor porque ama.

16 may 2011

separator

Hay partes de la vida en las que no se hacen más expectativas. No se espera ni se merece nada, además de lo que ya se tiene. Se alcanza una suerte de satisfacción de no querer nada más; de creer que no se merece, ni se necesita algo más. Pero, así como la vida a veces quita, otras veces también da. Y como estamos más acostumbrados a sufrir que a ser felices, parece mentira el instante en que la vida nos regala algo. Regalar en todos los sentidos. Un regalo que no es un premio, sino un regalo. Entonces, uno llora. Llora por gratitud. Gratitud con la vida. Llora por la falta de palabras que le amordaza la lengua y le exprime los ojos. Gratitud por el regalo que uno no se merecía pero que, ahora tiene; que es suyo y le pertenece. Que lo completa, lo anima, lo fortalece, lo alimenta y lo guía. Gracias, vida, por enseñarnos -a las malas- que no podemos vivir los unos sin los otros.

15 may 2011

Transmilenio horrible insuficiente sistema inmunda sustancia y opaca urna roja sostenme otra noche gonorrea.

14 may 2011

Querido diario, blog y lector,
anoche fue -sin duda- la mejor noche de mi corta vida. No especificaré detalles. Sin embargo, como en todas las mejores noches de todas las vidas, no dormí. Me levanté hoy con mis ojos queriendo cerrarse. Así anduve todo el día, mientras me acordaba de anoche. Finalmente, sentí el calor imaginario de una cama (porque sin ti ya no me da calor real). Me acosté. Puse National Geographic, para arruyarme. En cinco minutos, creo, me dormí. Era feliz, creo. Todo era cálido y perfecto hasta que mi papá, redundantemente, con su voz, me llamó. Me llamó. Me llamó. Maldita sea, me llamó. Me desperté. Abrí los ojos, bravamente. Me dijo algo que no me importó tanto como el volumen de su voz. Lo ignoré. Me cambié de cama. Volví a encontrar calor imaginario. Y aquí estoy, contigo y sin ti.