24 ene 2011

N.R.D.A.

Creo en la Democracia del modo que personas creen en cuentos de hadas. Porque eso de que todos seamos iguales, que se nos respete hasta la más mínima parte de nuestra esencia y que la opresión suene a utopía, es incompatible a nuestra realidad.

En la naturaleza, cada especie está identificada -a parte de la genética- por la conducta común entre los individuos que la componen. Sin embargo, nuestra especie tiene la característica de que cada uno de nosotros actúa, decide, se viste, prefiere, cree, siente, piensa, quiere, ama, canta, baila, habla, duerme, grita, come, escoge, discrima, se relaciona como se le dá la gana. Por eso, si nadie se merece lo que arrebata, lógicamente todos somos libres de ser quienes queramos ser; y nadie, nadie tiene ni tendrá el poder suficiente para degradar a nadie.
Me opongo a que, en la entradas a las discotecas, bares, clubes, paraderos, chuzos, estaderos y/o cafeterías, rechazen el ingreso de personas que no demuestran conductas inapropiadas. Al principio de mi vida nocturna, pregunté qué significaba la sigla "N.R.D.A." Me respondieron "Nos Reservamos Derecho de Admisión", y que aplicaba para personas inconcientes, borrachas, drogadas, sucias, groseras, incluso menores de edad. Jamás me dijeron que dicha sigla sería la tangente de los bouncers o dueños de los negocios que, al ver a una persona de menor estrato, con la vestimenta distinta, del color equivocado, de algodón y no de drill, de tenis y no de zapatos, se saldrían por ella y le negarían el ingreso al desgraciado que, de todas formas, iba a pagar el cover.
Escribo esto porque he sido testigo de ello. Lo escribo porque me llena de vergüeza y me quita todas mis ganas de salir una noche cualquiera. Si pudiera, boicotearía las discotecas en cuestión y haría fiesta en mi casa todos los días. Como no puedo (todavía), redactaré una carta a la alcaldía menor de cualesquiera que sea esa localidad y me quejaré. Si usted, amigo mío (o no tan amigo), la quiere firmar porque siente tanta tristeza como yo, contácteme.

Peñalosa Alcalde

21 ene 2011

así en la tierra como en el cielo

Todas las noches rezo un padre nuestro. Lo hago únicamente por todos los secuestrados de mi país. Le pido a Dios que los llene a todos de fuerza, optimismo y fe; que los deje dormir, que les dé salud y que las cadenas no les abran heridas. Soy puntual y específica en lo que pido. Por experiencia, sé que ser ambiguo con el niño Dios no es muy favorable, y menos en época de navidades. En fin, sé que mi oración no va a hacer libre a nadie, excepto a mí. Sin embargo, considero que la fe -más que una relación con Dios- es una relación entre los seres humanos que la compartimos. Así, rezamos unos por otros, pedimos que recen por nosotros y nos piden que recemos por alguien. Y todos quedamos tranquilos; en paz.

18 ene 2011

medicina interna

Hoy fui al médico internista. Después de examinarme, entrevistarme y socializar con mi abuela, me diagnosticó. Dijo que mi cura era hacer deporte; correr, trotar, montar bicicleta, jugar algún deporte. Como si fuera un fluído mental, le dije que sí; que lo haría llena de gusto. Obviamente, pensaba: "Si claro, güevón. Quiero llegar a mi casa, a comer y ver televisión." Me imaginaba el placer de cedentarismo y todo lo que trae por añadidura, hasta que el doctor dijo: "Soy profesor de planta de tu universidad. Nos encontraremos." Puta vida, me tocó correr.

17 ene 2011

de maravilla

Hoy vi National Geographic. Creo que se escribe así. Siempre me ha dado risa un aspecto en especial de estos canales llenos de animales. Y son los conductores que arriesgan su vida felizmente en cada capítulo. Hoy, por ejemplo, vi uno que estaba en búsqueda de meduzas en Australia, de esas que salen en Buscando a Nemo y que casi matan a Dori. Pues, el empedernido señor atrapó una meduza y, con toda la intencíón, hizo que la meduza lo picara. Y nos echaba la culpa a los televidentes de la siguiente manera: "Voy a dejar que la meduza me haga vomitar del dolor sólo para que ustedes, televidentes desgraciados, se enteren de cuánto puede doler la picadura de un organismo tan asombroso y bello como éste." O sea, si el man se muere, yo me sentiría lo más culpable del mundo... por desgraciada televidente. Un guión de un conductor como el de en cuestión va así: - "La planta que ven aquí tiene unos bellos microscópicos que, al contacto con la piel, transmiten una sustancia neurotóxica que actúa sobre el sistema nervioso y ocasiona un dolor que, en la escala de uno a diez, tendría un catorce. Después, uno empezaría a vomitar y el ritmo cardiaco a bajar hasta que se llegue, tal vez a la muerte. Marica, la voy a tocar." Y la toca. El man sufre por unos instantes; el camarógrafo le pregunta desde atrás de la cámara si se encuentra bien, él dice que sí, que de maravilla. Sin embargo, está tirado en el piso explicándole a la teleaudiencia lo que está sucediendo con sus neuronas, mientras -se supone que- muere. Empiezan a salir propagandas de chimpancés abrazándoce y de alces apareándose. Vuelve el programa. El man está dichoso consintiendo leones.

11 ene 2011

zona de promesas

Una vez, escuché en Amor Estéreo que enamorarse es un estado de ánimo. Dado a que siempre me han gustado las fuentes fidedignas, di caso omiso de aquello. Hoy, no sé cuántos años después de ese día, he conseguido redactar un conocimiento a posteriori de lo que es -realmente- to fall in love.

Partamos de lo literal. En el inglés, se utiliza la palabra fall para describir parcialmente el estado de enamoramiento. Y es eso precisamente: caer. Caer, caer y caer. Caer tanto que se vuelva casi imposible volver a subir. Pero, para qué subir si estando caído todo parece más fácil... y lo es. De repente todo es luz, felicidad y perfección, más o menos como la Navidad. No hay defectos pues, habiendo caído todo aspecto se vuelve cualidad. Allá abajo, el tiempo, el qué dirán, la distancia y el dolor no tienen cabida. Y suena tan distinto de lo real porque aquel agujero queda bien abajo de lo que es habitual. Por eso, volver a subir se torna tan difícil. O, en su defecto, existimos personas que nos negamos rotundamente salir de allí. Cualquier esfuerzo que dispongamos resulta nulo, pues nuestro hueco es profundo, muy profundo. Esperamos que se nos inunde el hoyo, y que salgamos flotando algún día. Incluso, también, enviamos cartas al presidente de Chile, para que le pida ayuda a la NASA y nos rescate. Sin embargo, no podemos negar que preferimos seguir caídos.