30 dic 2010

fue un buen año


Aprendí que:

La vejez es pura y únicamente mental.
Los narcos tienen buen gusto en carros y en equipos de sonido.
El reguetón me gusta más de lo que pensaba.
Un clavo no saca otro clavo.
Todo viene y va, y a veces no vuelve.
Facebook es un plagio.
Twitter es el futuro.
Me fascina el jazz.
A los indígenas no los mataron las balas, sino los computadores.
Chavez puede llegar a agradarme.
Del fin depende que se justifiquen los medios.
U2 nunca va a venir a Colombia.
Es prioridad que la gente Permanezca en mi vida.
Enamorarse es lo más difícil que hay.
Juanes va en decadencia desde que se separó de Ekhymosis.
No odio una canción más que a Waka Waka.
Shakira es una loba millonaria, valga la redundancia.
Escribir se ha vuelto mi principal vicio, mas no el único.
Dar lo que tengo todo me da.
Me amo.
No sé bailar salsa.
No sé bailar tectonik.
Se puede extrañar un colegio, tanto como se extraña una ciudad mexicana.
La soledad, efectivamente, es la madre de los errores.
El tiempo no cura todos los males.
En mi casa hay una fuga de gas y de agua.
Y que somos lo que sentimos.





26 dic 2010

empij-amarse

El mejor regalo tangible que me dieron esta Navidad fue una pijama. Es térmica. Quiero decir: de esas que van desde los dedos gordos de los pies, hasta el cuello; que se cierran con una elegante cremallera blanca. Cada vez que me la pongo, siento el placentero clima del descanzo; la tibiesa que caracteriza todas aquellas vestimentas de una sola pieza. No obstante, recuerdo las personas que no pueden sentir al menos una pizca de mi satisfacción. Instantáneamente, mi placer disminuye y mi conciencia comienza a remorderme. Decido, pues, recorrer mis calles, saludando -con beso en la mejilla- a quienes recuerdo todas las noches. Prender el motor del Aguilucho (un Fiat Uno, blanco, tres puertas, modelo 92) y emprender un viaje sin destino en compañía de la comparsa más entusiasta, se ha vuelto para mí: el cielo. Evidentemente, mis prologados días vacacionales están basados en un carro, una pijama y, esencialmente, en el principio de la generosidad.

22 dic 2010

dadadá dadara dadá

Si me dijeran que, por motivos inexplicables, este año tiene que ser repetido tal y como sucedió, aceptaría. No sé ustedes. No sé qué me espere en el dos mil once. Tal vez vuelva a ser tal feliz como lo he sido este año pero, qué hago si no quiero tanto que mi dos mil diez se termine. Pero, claro, se tiene que acabar. Llegan las novenas, las luces, los villancicos, las borracheras, los regalos, los eventos caros, los eventos baratos, los eventos porque sí, los eventos a los que no te invitan, los eventos a los que te auto invitas; llegan los que estaban lejos, los que estaban no tan lejos; se van los que estaban cerca y no tan cerca.
De repente, todo empieza a cambiar. Entonces, uno se da cuenta de que llegó la Navidad. Eso fue un verso sin esfuerzo. ¿Qué es la Navidad? Si el niño Dios son los papás, ¿De qué sirve todo esto? Safo rezar la novena, cantar Tutaina otra vez. ¿Qué es Tutaina, a propósito? De repente, siento que todo se centra en los regalos. Paila. Todo es un estrés: la cena, quién cocina, quién pone la casa, hay trancón, Samuel no termina las obras, no vamos a llegar.

Yo, en medio de mi autoestima, propongo una nueva forma de vivir la Navidad. Que la esencia del regalo no esté en lo que se reciba, sino en lo que se dé. Dar y dar y dar, durante toda la Navidad. Y, teniendo en cuenta que empieza desde octubre, dar desde octubre. Dar la mano, dar abrazos, sonrisas, dar las gracias, dar la vía, dar propina, dar tiempo, darse uno mismo a los demás. Si Master Card -de verdad- fuera consecuente con su slogan, se quebraría. Porque es realmente posible ser feliz eternamente con todo aquello que no tiene precio.
Hay gente que dice que la gente no se debería morir en diciembre. Supongo que es por la excesiva melancolía que se vive en ese mes, y que sumarle un luto no sería nada ameno. Sin embargo, la gente se sigue muriendo y muriendo. Sería más lógico atravesar estos treinta y un días sin tanta lloradera, ni tanta pendejada. Que pongan Wilfrido Vargas y Willie Colón; que la cena sean sánduches de queso y que el capital se invierta en la felicidad de alguien más; que no se regalen cosas nuevas, sino viejas, usadas, con pasado y memoria; que la felicidad no esté en recibir, almacenar, acaparar, comparar, comprar y pagar, sino en dar, dar y dar.

3 dic 2010

amistad

Estoy, plácidamente, recostada en mi cama, viendo una película de Tom Hanks. Suena el teléfono. Maldigo. Del otro lado, alguien me dice que me levante; que hay dos niños escapados de una fundación en la portería de mi conjunto. Sin dudarlo, me libero de las cobijas, me pongo mis leales tenis y salgo a buscarlos, en compañía de mis primos. Ellos llevaron leches de chocolate y unos juguetes sacados de sus almacenes. Los tres nos dispusimos, literalmente, a salvar el mundo.

Llegamos a la portería. Allí estaban Jorge y Steven. Jorge tenía once años y Steven, diez. Ambos lucían uniformes heredados quién sabe de quién. Eran sacos mal lavados, azules, de las tallas equivocadas, que decían algo parecido a "Un Mundo Nuevo". Sus pies estaban empapados. Steven temblaba de frío.
Les pregunté para dónde iban. Con entusiasmo, respondieron que para Guatavita. Les pregunté dónde quedaba, y me respondieron que para allá, mientras señalaban, equivocados, el sur. Quise saber qué buscaban en Guatavita así que, Jorge dijo que su mamá vivía allá. Steven no tiene papás, sólo unos primos que no le agradan. Por eso, decidió fugarse con su mejor amigo a buscar la madre que, según ellos, los aceptará a los dos.

Su fuga comenzó hoy a las nueve de la mañana. Trepando un árbol, lograron escapar de la fundación donde eran maltratados. Nadie se dio cuenta. Tal vez, esta sea la hora en que todavía se crea que ellos dos están ahí. Caminaron juntos guiados por la errónea ubicación de Jorge. No obstante, Steven nunca dudó de sus capacidades como guía.

Después de seis horas de caminar, vieron a mi portero. Se asustaron y se devolvieron. De todos modos, decidieron girar y preguntarle para dónde era Guatavita. Al hacerle esta pregunta, Edgar (el portero), inmediatamente, de dio cuenta de la situación. Al minuto, mis primos y yo nos dimos por enterados y fuimos parte de la escena. Al ver a los niños, quise conversar así que, les hice todas las preguntas que ya he expuesto. También, me dejaron muy claro que no iban a llegar a Guatavita caminando, sino corriendo; que uno de ellos no era muy rápido escribiendo; que les gustaban las telenovelas; que, en la fundación, les pegan, y que Guatavita queda al sur.

Pero, por encima de todos los datos que me soltaron, fueron muy enfáticos en que lo último que quieren es ser separados. Se conocieron cuando a Steven lo trasladaron de su anterior fundación a la actual, donde conoció a Jorge. Desde entonces, son, para cada uno, la familia. Creo que, más que nada, eso fue lo que me hizo escribir sobre ellos. No es el cliché de que, viendo la miseria ajena, valoramos los lujos propios. Más bien, fue el valor infinito que esa amistad ha logrado forjar, en medio de las condiciones más precarias que pudiera tener una infancia.

Duraron toda la tarde en la portería. Mis vecinos les dieron almuerzo y vieron televisión en el televisor de Edgar. Finalmente, llegó la policía y se los llevó. Ellos no se opusieron, a pesar de que los tombos dejaran bien claro que serían devueltos a la fundación de la que escaparon.

Rezar es lo único que me queda... que les queda a ustedes, lectores con fe; con fe en Dios, en Mahoma, en el viento, la ruleta o el destino. Rezar no por que ese par consiga un hogar, o no pase necesidad, sino porque permanezcan juntos el mayor tiempo que arroje la posibilidad. Sé que eso es lo más importante, y todo aquel que tenga amigos también lo sabe.

7 nov 2010

y después no digas que no te avisamos

Es bastante evidente que uno de los amores de mi vida son las palabras. Por eso, prefiero un monólogo a un circo. Pero, si hay que hablar de circos, hablemos del del sol. Además de tener una música que pone los pelos de punta, le recuerda a cada miembro del público, con cada acto, lo perfecto que es su cuerpo. Yo creo que nadie sale con ganas de un cigarrillo, y que todos se inscriben en un gimnasio al llegar a casa.
Admito que tiendo a aburrirme. Comienzo a llegar a conclusiones como que la gente se para al aplaudir porque, como los de la primera fila se paran, los de atrás ya no ven. Y se va generando un efecto dominó sucesivamente. Pero, de todas maneras, no puedo dejar de ver la inmensidad de un espectáculo como el Cirque du Soleil, y su caridad de venir a un país de bárbaros como el nuestro. Y lo digo porque, digamos, la gente aplaude en momentos que nada pasa, o contesta el celular, o toma fotos con él, o llega media hora tarde, o cosas por el estilo. Cuando aprendamos a comportarnos, Samuel nos va a construir un escenario digno de nosotros y de los espectáculos.
Pero, bueno, ya no hay excusas para los hermanos Gasca: los circos con animales tienen que desaparecer. Que los domadores de leones aprendan malabares o se vuelvan electricistas. Ya ha sido suficiente y demasiado lo que hemos visto a tigres rugir, a focas jugar, a cebras bailar y a gorilas rumbear ante nosotros. El ser humano puede llegar a ser (es) más impresionante y espectacular que todo lo anterior. Y si no lo creen, vayan al Circo del Sol.

4 nov 2010

acción de padecer

Colombia no es pasión. Si buscásemos el significado de "pasión", sólo encontraríamos definiciones relacionadas con la violencia, el desenfreno y el accionar descontrolado de lo salvaje. Pero, insisto, somos un país ignorante; que cree que "pasión" es cerveza Águila, el Pibe Valderrama y los cubitos de panela de Lucho Herrera. Entonces, claro, todos tenemos manillitas de SalvArte con nuestra bandera, vemos "La Pola" y Caracol Noticias, creyendo que nuestra indiferencia se ha quebrado, como Padres e Hijos.
Davivienda, Fruco, Coca-Cola, Postobón, son marcas en cuyas imágenes prima el color rojo. Siempre. Curiosamente, todas aquéllas hacen parte de las más exitosas en nuestro país. ¿Por qué? Por el color rojo, que nos alude -vuelve y juega- toda la sangre y la violencia que han sabido caracterizarnos todos estos años.





Ahora, no vengamos a decirnos que no sabíamos; que sólo nos gusta que Colombia sea "pasión" porque ha cambiado nuestra imagen en el exterior. Sinceramente, lo que piensen de nosotros al otro lado del charco me vale huevo, cuando entre nosotros no sabemos quiénes somos, qué nos identifica, qué somos o si somos pasión o no.
No pongamos por encima lo ajeno de lo propio. ¿De qué vale cambiar nuestra imagen externa, cuando por dentro estamos vueltos mierda? Nuestra salida no está en que Exxon-Mobil compre Terpel, o en que Evian invierta en Manantial, ni en que McDonalds compre Frisby. La solución la tenemos nosotros mismos, y que no la hemos querido practicar porque no la hemos visto; no nos la han dejado ver.
No sé qué seamos, pero estoy segura de que "pasión" no somos. No tengo ni la más mínima idea de qué seamos. Y si yo no sé ¿Por qué sí saben los que dicen que Colombia es "pasión"? No dejemos que alguien más nos diga qué somos, por simple pereza de averiguarlo nosotros mismos. No traguemos entero. Colombia no es un corazón mal pintado, con un fondo rojo y que le sale una suerte de llama del centro. Admitamos que esa marca nos gusta porque nos es común; porque ya estamos acostumbrados -lamentablemente- a padecer este país que se desangra día a día.




1 nov 2010

día de todos los santos

No quiero pasar por aguafiestas. A parte de que nunca he entendido muy bien esa expresión, no me gusta mucho el Halloween. Empezando por que es una festividad que comprende puramente sólo Mandrake, no entiendo por qué sólo es permitido disfrazarse un único día anual. Yo no me disfracé este año, porque me invaden un montón de dudas halloweenescas que prefiero solucionar antes que nada. Algunas de las cuales expondré a continuación:

Primera: ¿Por qué los covers de las discotecas y bares se vuelven equivalentes a un ojo de la cara? Entiendo aquella idea medio facha que dice que todo es un filtro, y que entre más alto sea el precio, más alta va a ser la clase social de los asistentes. Esto -supuestamente- asegura consumo, buena conducta y distinción a los dueños del sitio. Por su parte, la gente confiada cree en que el precio equivale a la calidad de la rumba. Y aunque a veces sea coincidencial o paralelo, las buenas rumbas suelen mezclar estratos.

Segunda: ¿Por qué es festivo? Puedo jurar que más de la mitad de la gente asegura que es debido al Halloween. Claro: nadie sabe qué es el Halloween, pero de que existe, existe. Hoy es festivo porque es el día de todos los Santos. No de Juanma y sus hijos. No. Es el día en que Herodes mandó matar a todos los primogénitos menores de un año creyendo que, en su cacería, caería Jesucristo. Es es el acontecimiento que se conmemora hoy. Por eso, no fueron al colegio, a la universidad; no por que fuera Halloween. No. Pero, la memoria se construye y se preserva por lo que digamos, por lo que contemos. Temo que varios de nuestros nietos creerán que, efectivamente, es festivo porque es Halloween. Fin de la historia.

Tercera: ¿No nos damos cuenta de que hemos caído, una vez más, en la necesidad -creada por nosotros mismos- de comprar, comprar, y comprar? Un disfraz cada año va a ser más caro. Ya no hacemos los disfraces. Bueno, algunos de nosotros sí. Pero, ya no miramos el closet buscando qué combinar, qué cocer, qué dañar para disfrazarnos. Ahora, salimos, compramos, giramos la tarjeta, "dos cuotas, gracias" y nos vamos. Llega la noche, nos lo ponemos, bailamos, pagamos, bebemos, llegamos a la casa, nos empijamamamos y guardamos el disfraz. Obviamente, lo guardamos para heredarlo. Porque el disfraz comprado es como un condón: no se usa dos veces nunca.

Cuarta: ¿Odio el Halloween? No. Sólo siento que, como todo, va perdiendo su esencia. Perdiéndose, poco a poco, en lo monetario. ¿Y qué si me disfrazo un veinte de marzo? ¿O un treinta de septiembre? ¿Y si pido dulces en Navidad? ¿O en Semana Santa? Mejor. Los covers estarían a mitad de precio, como los disfraces. Pero, como no querré comprar uno sino hacerlo, ese dinero me lo habré ahorrado.

18 oct 2010

el plástico

Estando en la librería, vi un libro (jajaja). No estaba plastificado. Generalmente, los libros buenos, lo están. Sólo dejan ver la portada y la contraportada, y se supone que son tan atrayentes que uno no necesita abrirlos para ser cautivado y comprarlos. Éste, en cambio, estaba -literalmente- de piernas abiertas. Era un chico fácil; era de poesía.
Lo había escrito alguien medio famoso. El nombre del autor me sonó conocido pero nada más: sólo sonó. En fin, tomé el libro y lo comencé a leer. Poco a poco fui entendiendo por qué no estaba plastificado. Era un pésimo libro, escrito por alguien con un nombre sonoro e impreso en letra grande: la fórmula del bestseller. Recuerdo un poema llamado "Fútbol". Era, exactamente, la transcripción al papel de un gol narrado por William Vinasco Ch. No era nada más.
Si la literatura es un videojuego, la poesía es el último nivel. Es la perfección hecha palabras. Son sentimientos impresos para siempre en el papel, accesibles para todos y recordables para pocos. Pero en medio de su calidad, de repente, todo el mundo es poeta. Se unen palabras que medio suenan bien, se llora un poco, se prende un cigarrillo y se pone enter. Ahí está la poesía: graffiti elegante, que expone públicamente lo que se siente, lo que se cree.
Alguna vez escribí, jodiendo, un poema. Y digo que fue jodiendo para no arriesgarme a que me digan que lo hice mal, pues la poesía está llena de normas, de números y de exactitudes que yo (aún) no manejo. Por eso, creo que ser poeta es más que hablar bonito, con coherencia y musicalidad al tiempo. Ser poeta es saber combinar lo que se sabe con lo que se siente, hasta llegar al punto de confundirlos.



11 oct 2010

let's get crazy


Mucha gente muere dignamente en los conciertos de Rock. A unos les da un paro cardíaco de la emoción, a otros del susto y a otros porque creen que su vida ya ha tenido el sentido que le buscaban. Hay otros que mueren pisoteados y a los golpes entre la gente que salta. De repente, empieza una canción exitosa, el éxtasis llega a la multitud y ésta enloquece. Sin embargo, hay aburridos que no saltan y por eso mueren. La mejor forma de sobrevivir es saltando.

6 oct 2010

conservar... la distancia

La Pola: amar la hizo libre. Había veces en las que el premio era un día libre, o sea un día de libertad. Libertad es poder tomar decisiones basándonos, cada uno, en nuestra respectiva voluntad. Tenemos voluntad para todo, incluso -también- para no tenerla; para no escucharla, para obedecer sin entender y gritar sin decir nada. Hay un tipo muy específico de voluntad: la de dejar ir. La voluntad de olvidar, de no recordar más, de hacerse el dormido en una despedida, de aguantar la lágrima mientras la vacuna, de dejar ir el abrazo, de no pararse a bailar en un compás que la memoria reconoce y que reconocerá siempre. Eso es. Decir: no más, fue la verga y todo, pero no más. Hasta la vista, baby. Atravieso hoy dos circunstancias paralelas pero distintas. En determinado punto, implicaron mi vida. Hoy digo: no más, fue la verga y todo, pero no más. Prefiero la marca en el carácter que en la memoria.

29 sept 2010

agua

Hay abrazos de abrazos. Están los que se dan, están los que reciben y están lo que son recíprocos. Hay unos que nunca se dan, pero que siempre se sueña con ellos; otros que aparecen sin que se esperen. Unos son cortos, unos largos y otros eternos. Hay unos en los que no quieres que te suelten, hay otros en los que no quieres soltar a nadie. Están los que son obligación, los que tienen mensajes entre líneas, los que incluyen palmaditas en la espalda y los que traen secretico en el oído. Hay unos que vienen con impulso, otros que se dan en medio de un salto y otros que son suerte de salvavidas. Está el abrazo que asfixia, el que calienta, el que cansa, el anhelado, el incómodo, el hipócrita, el de despedida, el de reencuentro, el de recién conocidos, el de para siempre y el de nunca más. Todos me gustan. Personalmente, prefiero esos que parecen vidas, vidas de videojuegos; saber que están en alguna parte del camino, que se alcanzarán y que implicarán paz, vuelo, libertad y compañía. Esos que duran cuánto se desee y, que mientras lo hacen, se alcanza felicidad plena. Prefiero esos. Muerte a los abrazos que no se dan.

28 sept 2010

adolescencia

Edades malditas,
Hormonas enloquecidas
Y amistades gratuitas
Ay, nuestras vidas abatidas

Desde que tiene trece
Todo lo que hace es llorar
Porque de todo adolece
Ya no sabe a dónde mirar

Odio con amor la adolescencia
Siete años ha de durar
Hasta rima con esencia
Yo sólo quiero las cartas barajar

Y que el tiempo pase
Y me ría de lo que me duele
Anhelo el final de esta fase
Que abrazarte sea lo único que anhele

27 sept 2010

cytotec

Siento que soy todo lo que me pasa. En la vida, nada pasa porque sí. Todo trae consigo su consecuencia. La libertad consiste en optar por diversos modos de ser consecuente, de responder a los totazos que te dé la vida de la manera más creativa y original posible. Hoy, yo alcanzo a numerar tres totazos. Uno a los once años, otro a los diecisiete y otro hace ocho días. Sé que no se me van a olvidar. Sé que no los voy a olvidar porque -además de dejar su marca en mi memoria- lo hicieron en mi carácter. Y no lo hizo el hecho de que fuera víctima de ellos, sino la forma cómo, con quién, cuándo me libré de aquéllos.
Nada pasa porque sí. No todo le pasa a todos. Así, forjamos destinos diferentes y nos comprometemos con preocupaciones individuales que componen nuestras respectivas esencias. Sin embargo, no creo que, ante las vidas de los demás, seamos simples espectadores. Somos lo que nos pasa y todo pasa porque alguien más lo causa, hasta uno mismo. Yo admito que me compone mucha gente. En ese caso, no he de ser la única y nos componemos, nos diferenciamos, nos identificamos, nos amamos entre nosotros. Todo el mundo lo sabe, pero casi nadie lo admite. We were the victims of ourselves.

23 sept 2010

el niño dios no existe

Si uno no se merece lo que quita, hoy mataron a quien -definitivamente- no merecía vivir. Uno vive para que, cuando se ausente, sea recordado. Recordado con amor. Me parece repugnante cómo, al morir, alguien no va al cielo sino al infierno; es recordado pero con odio, la gente siente júbilo al enterarse de que se ha ido y el perdón es algo desconocido. El cielo es todo lo contrario.
Irónicamente, de tanto odio repentino, de tanto saber sobre aquél que se escondía, de tanta discriminación sobre sus actos, de todo ese recordar lo inhumano que era, de todo eso resulta un amor patrio tan ancho que no puedo estar afuera de él. Ahora sí, todos queremos saludar a los soldados que nos encontremos, queremos ponernos camiseticas y comprar manillitas tricolor en los semáforos. De repente, los vendedores de banderas compran carro, los comerciantes de sombreros vueltiaos entran a la universidad y Frutiño saca sabor a granadilla con chontaduro. No se trata de querer mucho, se trata de Saber querer. Nos cegamos por una felicidad tan banal pero tan absoluta que no vemos lo que deberíamos ver.
En Colombia hay, más o menos, mil ochocientos Falsos Positivos. Un Falso Positivo es un desempleado que -repentinamente- consigue un trabajo lejos de su casa, con el salario perfecto, en donde no le piden referencias, experiencia ni estudio. El ex desempleado emprende, pues, el viaje a su nuevo lugar de trabajo. Llega, dejando todo atrás. Sus ahorros, su familia, su casa, su vida. Llega y lo matan. Así de simple. Lo matan. Le disparan, lo meten en una bolsa y lo entierran en una fosa común. ¿Quiénes? Las valerosas y heroicas Fuerzas Armadas de Colombia. Es que, carajo, los héroes en Colombia sí existen.
Qué risa. Matan a uno sólo y se nos olvidan, otra vez, mil ochocientos. Nos invade una dicha y un orgullo patrio que nos cegará por otros cuarto años. No nos daremos cuenta de las cosas que no quieran decirnos. Fácil. Nos enteramos de lo que les conviene, y es por eso que nos importa lo que les conviene. Insisto en que todo es un problema de preocupaciones, de prioridades, de incumbencia. Nos debería preocupar más todo lo que no sabemos, todo lo que nos muestran fácil o incomprensible. A mí me preocupan esas mil ochocientas casas que ya no tienen papá, hermano, hijo; todos aquellos que creen que Colombia es pasión y que el niño Dios existe.

20 sept 2010

historia de un aborto

A veces, me tranquiliza saber que me preocupan determinadas cosas. Hoy supe detalladamente de un aborto. Me extendería, pero por respeto a todo no lo haré. Amo la vida, amo la fertilidad, amo el amor y amo que cada uno de nosotros sea resultado de él.
Este hecho me revuelve por dentro.Sólo con palabras logro calmar lo que sea que estoy sintiendo, al menos por ahora. Siempre recordaré este día. Siempre recordaré ese bebé. Siempre recordaré la vida; su vida.

17 sept 2010

i don't shine if you don't shine

Somos hijos de una sociedad que ha enaltecido la belleza y lo superficial como máximas autoridades de conducta. Es así como, de repente, lo natural se nos hace extraño, ajeno, confuso: porque es feo. A partir de ahí, desarrollamos capacidades para tejer estructuras como Amistades, Personalidades y Preferencias basándonos en lo que nos parece bello. Poco a poco, nos convertimos en seres tan banales que llegamos a considerar un tabú lo que habría de ser el mayor y más maravilloso alcance de la anatomía humana: la fertilidad.
En vez de celebrar nuestra naturaleza de imperfección, la hemos ridiculizado hasta lo indigno. Deberíamos poder andar desnudos por ahí, borrachos de nada, celebrando nuestros respectivos nombres y ya. Fluir sin un fin más que fluir. Pero somos hipócritas en medio de todo; en medio del supuesto amor que diariamente nos profesamos. Preferimos aferrarnos a las certezas de lo virtual, antes que arriesgarnos a cualquier probabilidad que nos pueda traer lo natural.
Ojalá, como los niños, pudiéramos ser capaces todavía de decirnos las verdades sin ningún tipo de remordimiento o segunda intención; ser más egoístas y establecer las prioridades propias por encima de las comunes. Ya basta de complacer a esta sociedad tan agobiada y doliente. I don't mind if you don't mind. No me gusta la cultura taurina; no creo que Colombia sea pasión; no creo que pasarse los chicles sea malo; no atracan en todas las esquinas; no me gustan los tacones; prefiero un Águila a una Budweiser; prefiero Mockus a Santos; prefiero los Lucky Strike, el bus que el Transmilenio y el pandeyuca que el pandebono.
Si somos lo que sentimos, hoy soy desnudez, infancia, individualismo y accidentalidad. (Me encanta no tener límite de palabras cuando, en una hoja en blanco, encuentro algo. No sé qué.) En circunstancias como la de hoy, uno se da cuenta de qué tan solo se encuentra. En la vida real, uno se tiene a uno mismo. Nada más. Y si no se es lo suficiente y precisamente egoísta, la banalidad es un riesgo inminente. Hoy voto por que no nos necesitemos tanto los unos a los otros, hoy que mañana es el "día del amor y la amistad". ¿Por qué tener un solo día para eso? Si fuéramos verdaderamente sinceros con nosotros mismos y con los demás, esos días serían cotidianos, y el amor y la amistad el estilo de vida de cada ser humano.

12 sept 2010

carta a la luna

Por razones antropocentristas, hoy es de los días en los que los hombres cuestionan si realmente eres necesaria. En la vida real, nadie sabe quién eres; nadie sabe qué es la Necesidad. Si pensáramos pragmáticamente, llegaríamos a la conclusión de que sí: efectivamente, sin ti se puede vivir. Sin embargo, cada vez que al hombre le da por ser práctico, inutilidad es lo único que consigue.
Sinceramente, no sé qué sería de la humanidad sin ti. Bueno, tu luz no hace crecer las plantas, podríamos estar acostumbrados a mareas y ciclos hídricos distintos. Hasta el siglo XX habría sido menos difícil si nadie hubiera tenido que volver de tu suelo. La Guerra Fría pudo, tal vez, evitarse. Tantas dudas, tantas incógnitas que inspiraste tú, oh cuerpo celeste tan banal, que todavía no encuentran respuesta y que componen la incertidumbre que siempre nos ha calificado como hombres.
Yo te necesito. Necesito que el sol tenga de quién enamorarse; necesito que todos tengamos cómo enamorarnos. No sé qué diríamos en vez de "Te regalo la Luna." Tendríamos un vacío intelectual inmenso si no tuviéramos la facultad para regalarnos la Luna los unos a los otros, tantas veces como queramos, de una manera tan simultánea que pareciera que la Luna se acaba. Pero no. Sigues ahí: Leal. Inspirando -más que dudas- poemas, canciones, risas y lágrimas.
Luna lunera, cascabelera, hoy, que tantos cuestionan el fin de tu existencia, yo te enaltezco entre mis necesidades. Porque lo mejor del sol es el brillo que en ti refleja; porque incluso llamamos noche de Luna Nueva cada vez que él se va y tú no llegas. Porque no eres como el sol. No repelas nada, eres cambiante y no das cáncer. No escuches a quienes te desprestigian y menosprecian. Discúlpalos porque no han tenido el privilegio de conocerte como te conocemos mis amigos y yo. Gracias por enamorarte y enamorarnos, por acompañar a los solitarios y velar por los acompañados. Gracias por existir, por iluminar lo que habría de ser la oscuridad más abstracta, por ser sinónimo de virtud y de pecado, de descanso, de fiesta, de final y de principio, de sueño y de pesadilla, de inspiración, de anecdotario, de recuerdo, de mañana y pasado mañana.

11 sept 2010

never really made it home from woodstock

Dicen que de tal palo tal astilla, a pesar de que la mayoría de las veces uno desee -con fervor- ser la antítesis de sus progenitores.

Anoche me fui de fandango con mis padres. Ellos no bailan Reggaetón. A mi papá le parece vacío, que no tiene ninguna ciencia o proceso de cortejo dentro de él. A decir verdad, muy pocas veces bailan. Ellos y sus amigos prefieren el canto. Se reúnen, más o menos, diez de ellos. En la mesa hay aguardiente, whisky, pasa bocas, ceniceros y llaveros. En los percheros hay abrigos, carteras y estuches de guitarras y de cuatros. Yo siempre llego cuando la fiesta está prendida, porque me aburro en las mías así que me dirijo a las de ellos.
De las quince personas reunidas en la sala del anfitrión, el cual es elegido arbitrariamente por una mayoría, dos o tres tocan guitarra; una toca el cuatro, cuatro fuman, seis toman y todas cantan. Mercedes, Silvio, Polo o Rafael reirían a carcajadas si vieran cómo las letras de sus canciones son alteradas de semejante manera. Los títulos de las canciones nadie los conoce. Las canciones que se cantan surgen por azar, placer o necesidad. Nunca por selección argumentada o por práctic y las conversaciones que se establecen siempre son cortas y con el amor como sujeto.

28 ago 2010

we were once

Me gusta pensar que las despedidas son de mentira. A pesar de que, por alguna extraña razón, logremos convencernos de que son necesarias, convenientes, comunes y corrientes. Sé que forjan el carácter, como siempre, a las malas. Así somos.
Ahora bien, prefiero atravesarlas hundiéndome en lo más profundo de la melancolía. Lo creo más maduro. Si vamos a hacer algo, lo vamos a hacer bien. Disfrútalo. Desde siempre, en los seres humanos, ha existido placer en el sufrimiento. (Debemos ser, también, la única especie animal que se destaque en eso. Además de la risa, la conciencia y el amor.) Despedirse es, pues, admitir que creceremos por separado... acordándonos siempre de cuando lo hicimos juntos.



25 ago 2010

es deli

Ayer le dije a quien me inspira que no escribía en exceso porque no me inspiraba igual. Todo me inspira, me toca, pero no lo suficiente como para escribirlo. Así, no escribiría sobre el acto copulativo de los delfines.
SERÉ YO quien escriba, pues, sobre mi visita de hoy a mi colegio. Si se puede alcanzar un nivel máximo de felicidad, hoy lo alcancé yo. Además, obviamente, de las implicaciones emocionales que tuvo el dejar mi megáfono allá; responder enemil veces que ya no hacía parte de nada y que por eso no tenía uniforme; recordar cada espacio con la gente que me correspondió y la necesidad de más tiempo; además de todo eso, la jornada se desenvolvió de maravilla.
Sólo digo que ha sido de las mejores tardes de mi vida. Tal vez la mayoría no me entienda, como por variar. De verdad no podría explicarlo. Como dicen por ahí: "es un conocimiento a posteriori". Nadie te amará como yo.
Si somos lo que sentimos, el tiempo no es nada. Los sentimientos no dependen del tiempo sino de las circunstancias. Valga aclarar que es algo completamente distinto. Así como Friederich mató a Dios, yo mato al tiempo. Odio el tiempo, me da miedo, es tan largo y tan corto, nos hace creer que lo contamos progresivamente pero no. Siempre, siempre es una cuenta regresiva. Somos lo que sentimos. Hoy soy emoción, pertenencia, satisfacción, felicidad y amistad. El tiempo, El Tiempo es un periódico y nada más.

18 ago 2010

siete golpes de suerte

Hace más o menos dos meses tomé la decisión esporádica de fumar un rato. Sólo para ver qué era. Durante toda mi vida había redactado y practicado una oposición radical hacia el vicio en cuestión. Sin embargo, la poca madurez que he logrado alcanzar a las patadas me llevó a la conclusión de que para oponerse a algo hay que conocerlo absolutamente. Así que me decidí por los Lucky Strike, después de probar los Marlboro Gold y los Mustang, los de los obreros. Toda gracias a una agradable historia sobre los Golpe de Suerte. En fin, durante semanas cargué conmigo una caja de cigarrillos y un encendedor con linterna que adquirí posteriormente. No podría explicar por qué fumaba, o qué sentía, simplemente lo hacía como un experimento individual. Admito que no llegó a gustarme, ni lo consideré parte de mi rutina o de mi personalidad. Precisamente por eso, cuando supe que el trabajo de campo había terminado, esporádicamente decidí dejarlo. Para envidia de muchos, ha sido de las cosas más fáciles que hecho. De todos modos, aún tenía mi encendedor y siete cigarrillos. Pensaba si botarlos en una caneca, dejarlos intencionalmente en cualquier silla en la que me sentara o enterrarlos. Finalmente se los regalé a un amigo que me pidió uno. Le di los siete. Conservé mi llamativo briquet. Al día siguiente me dijo que había ganado siete mil pesos vendiéndolos. Supe que el vicio es determinado por la economía. Por eso las habichuelas son baratas... porque nadie es adicto a ellas.

17 ago 2010

palmadita en la espalda

Mi primo llora porque no quiere quedarse en el colegio. Yo lloro porque quiero ir. Él tiene dos años, yo tengo diez y siete. Dentro de mis escasos conocimientos en biología sé que cuando un estímulo es muy constante, el cuerpo deja de recibirlo. Así, a veces, nos acostumbramos a presidentes y olores feos. Por ahora sé que no lograré acostumbrarme a esto en mucho tiempo. Mi primo seguirá llorando las tres horas que tiene de colegio. Yo aguantaré el llanto como cuando uno se pega en el dedo chiquito del pie con la punta de la cama. Si no puede superarse, hay que vivir con eso. Admitiré, una vez más, lo paila que soy y viviré conmigo.

16 ago 2010

all i want is you

Últimamente mis títulos son bilingües. Para aquellos incultos que me lean, son nombres o partes de canciones. En éste, les confieso, no sé qué escribir. Han leído verborrea los últimos treinta segundos. Yo de ustedes hago clic en algún hipervínculo. Pero sé que se maneja la terquedad, así que quien dejará la actividad seré yo. El título de esta entrada habla por sí solo. Fin de la conversación.

12 ago 2010

in my life

Hasta hace unos meses, se me podía considerar alguien escéptico con respecto a la política de mi país. Sería un redundancia dedicarme a explicar esto, así que me permitiré no hacerlo. Sin embargo, este año se empezó a poner de moda un hombre que al principio ignoré porque era solamente eso: una moda, otra supuesta esperanza de cambio que simplemente alimentaba mi escepticismo. Finalmente, en una acción que resultó de mi rutinario ocio, decidí leer un poco sobre él. Todo acabó en que empecé a sentirme parte de lo que él decía, buscaba, creía. A diferencia de sus "colegas" que solamente buscaron mi aprobación para hacer conmigo lo que ellos quisieran. Mockus es aquel que para gobernar nos quiso invitar a pertenecer a su gobierno, mientras que el presidente sólo quiso ganar votos. No sé si me entiendan... todo es cuestión de pertenencia.

Cuando los soldados eran herreros y corrían por los campos con armaduras más pesadas que ellos, gritaban consignas antes de enfrentarse a sus enemigos. Eso hace parte de la herencia de los encuentros deportivos, donde cada equipo grita su nombre antes de empezar el cotejo. Hace dos meses gritaba con emoción el nombre del conjunto al que pertenecía, como en la lógica. Hace dos días tuve que gritar otro nombre, por circunstancias que ya todo graduado conoce. He de admitir que las palabras no fueron capaces de salir de mi boca, ni siquiera una expresión onomatopéyica. No dije nada. Me he demorado en asimilarlo, aceptarlo. Todavía no termino. Vuelve y juega, todo es cuestión de pertenencia.

He pensado. Tal vez el tiempo logre acogerme. Yo, por mi parte, pienso aprender a diferenciar entre mi lugar de ubicación y mi lugar de pertenencia. Así como sé quién es el presidente y quién es mi Presidente. Y como me gustan las experiencias enriquecedoras, como a Íngrid, serán cuatro años de aprendizaje, de cuentas regresivas, de anecdotarios y diarios; de lágrimas causadas por el azar de mi iPod, de oposición, de ver en el reloj horas exactas para la memoria, de relaciones y comparaciones. Todo aquello gracias a que, como ser humano, necesito no olvidar. Supongo que nadie se va del todo.

8 ago 2010

oh love, don't let me go

Hoy tampoco estás bien de ánimo. A pesar de los clichés que te han embutido, de todas las cartas que has recibido y de todas las veces que te has reído, te sientes sola. Decides, pues, en tu soledad dedicarte un poco de tiempo. Aprendiste a tocar dos o tres canciones en el piano, que es tuyo porque lo tocas. También decidiste empezar una rutina de abdominales. Cada vez que te dispones, haces un par y te convences de que es suficiente. Mientras tanto, piensas. Sabes en medio de lágrimas que te esperan cuatro años de oposición. Cuatro años en los que quisiste participar de un gobierno, pero que tus iguales prefirieron cruzarse de brazos y dejar que un tal Juan se encargara de todo. Cuatro años en los que crecerás, aprenderás, leerás y dirás cosas por las cuales te mirarán mal. Ya estás acostumbrada.

No tienes afán, no tienes necesidad de nada ni de nadie. Estos son los días en los que inconscientemente discriminas. Discriminas planes, sueños, personas. Te quedas con lo vital, con todo aquello que te compone. Antes estabas llena de adornos, arandelas que sólo te quitaban destreza. Creces lento para quienes te ven hacerlo, creces rápido para quienes lo hacen contigo. Inmersa en dudas, sólo sabes algo con certeza: tu voto no habría sido jamás por Juan Manuel. Now my feet won't touch the ground.

2 ago 2010

10:30 am

Un profesor dijo que ser primíparo es como estar cuatro minutos bajo el agua. En una universidad con nombre de cordillera se reconoce a este tipo de gente por su sonrojo y su falta de aliento al caminar. Si la universidad tiene ese tipo de nombre, está implícito que el oxígeno va a faltar en determinado punto. Es así como la teoría del profesor se cumple en todos los casos, no de la misma manera.

El Primiparismo es una subcultura por la que todo profesional tuvo que pasar. Existen algunos que les fascina y se quedan en ella más de seis meses, que es lo normal. Los primíparos son todos aquellos individuos a quienes de repente se les arrebatan sus rutinas, amistades, vestiduras, costumbres y rutas de transporte para ser introducidos en un medio agresivo, lleno de incertidumbres, en el que son vulnerables a cualquier cambio adicional que se agregue a este cambio radical.

Existe un pequeño grupo femenino que hace parte del Primiparismo cada año. Las miembros de esta fracción tienen un componente adicional que las hace más débiles ante las circunstancias. Al haberse acostumbrado por años a comer, tragar, manducar, engullir, devorar, zampar, masticar, mascar, ingerir, alimentarse, nutrirse todo el tiempo de cualquier cantidad de comida; al exponerse a esta transformación en sus hambrientas vidas su proceso como primíparas se desarrollará de una manera mucho más miserable que el resto.

Esto se puede sustentar con ejemplos urbanos y cotidianos de la vida normal de un pre primíparo, como lo son las comidas en clase, la venta ilegal de cheese cakes, pies, dulces, gomas, sánduches, napoleones, y demás vicios. También se conservan registros de hambrunas vividas en la selva Amazónica por el grupo en cuestión. En estos casos, las individuas subsistieron más de siete días sólo comiendo bocadillos de guayaba. Dicen que algunas de ellas volvieron con secuelas psico-sociales después de haber sobrevivido a tal martirio.

Es así como, siendo parte de los primíparos, estas mujeres tienden a tener hambre a la misma hora. En otras palabras, tienen hambre siempre. También se les conoce por tener la prioridad de comer antes que tener con quién comer, o agrandar los combos que se pueden agrandar, o pedir dos combos sin opción de agrandamiento. En sus mentes también existirá la misma pregunta eternamente: "¿Alguien vende?" Y también cada una, se dice, que tiene una deuda mayor a los cien mil pesos con todas aquellas personas a las que les compraron alguna vez uno que otro brownie. Pero como en la vida no hay que hacer prejuicios, se les invita cordialmente a entablar vínculos amistosos con tales personas que, valga la redundancia, se hacen llamar con nombre de vegetal.

30 jul 2010

eternidad

Esto no es un poema,
simplemente se ve bonito
en cursiva y en columna.
Hoy recordé que hace tiempo escribí
sobre cuánto puedo llegar a odiar
las funerarias y todo lo que ellas implican.
De ello puede dar cuenta
la primera persona que me leyó,
que me criticó, que me apoyó,
a quien también extraño mucho hoy.


Sería un día de retos. Se despertó, se levantó por el lado derecho de la cama porque por el izquierdo hay una pared. A penas abrió los ojos alcanzó a ver a menos de un metro la amenaza del día: sus tacones grises. No durmió muy bien pensando en ellos. Se bañó con angustia, desayunó con afán y en pantuflas. Se lavó los dientes, se peinó el pelo que no tiene y todo con tal de evitar al máximo el par de zapatos altos. Finalmente, se los puso. Sabía que sería un largo, larguísimo día.

Llegó al paradero de las flotas. Parece una plaza de mercado y está en tacones. Había buses hasta para San Andrés pero para la Universidad, nada. Y está en tacones. El tiempo de espera, y el día en general, fue suficiente para reflexionar cuánto odio siente contra tal calzado. Lo detesta, le parece que no es cómodo, ni rentable, ni útil, ni agradable, ni veloz, ni impermeable, sólo es bonito. Además de tener su propio sonido cuando se aproxima, como cualquier animal, se ve menos baja. Se siente bien por haber asumido el reto pero, como quien dice, misión cumplida.

Pero el dolor en sus pies no era comparable con ningún otro dolor que le rodeaba. Los talones le dolían tanto como las uñas cada vez que recapacitaba, cerraba los ojos y recordaba dónde estaba. Se vive y se conoce a posteriori. Quiere morirse de manera singular, quiere un adiós de carnaval; le duele lo que a nadie, le da risa cuando todos lloran, se ataca en llanto mientras hace una fila india. Considera que días como este deberían ser ilegales, que así como las estaciones, debería existir una ley natural que los suprimiera por completo del calendario humano. No por los tacones, eso es nada más un capricho de la vanidad, sino por aquellos dolores que dejan sus zapatos altos en lo más bajo de sus prioridades analgésicas.

Más que lástima, más que tristeza, siente rabia. Quisiera ser activista para erradicar de la vida todos estos días. A veces es ameno sufrir, se siente más grande, sale más fuerte. Hoy no. Hoy todo eso es baldío, la fe es banal y la esperanza un souvenier de los hipócritas. Se enciende la luz de la duda, otra vez, y se pregunta qué putas es el alma y la eternidad que siempre le atribuyen. Cierra los ojos para ver mejor. Recuerda, siente, sabe, cree que la eternidad está en la memoria, en ser conmemorado, recordado, identificado, diferenciado, visto, distinguido, sentido sin contacto.

Llegó a casa, se quitó los tacones y la ropa. Descansó. Los dolores, la rabia siguen. Por eso escribe. Ya se va a dormir. Le duelen los pies, no tanto como el día.



29 jul 2010

del vicio

Debería estar haciendo cualquier otra cosa. Leer, tal vez, un artículo que escribió hace tiempo el Vaticano. Simplemente no se me da la gana. Prefiero esto. Ya se me ha convertido en un vicio, creo. Ay, los vicios. Si el sexo es un vicio, entonces todos tenemos al menos uno. Es eso lo que nos diferencia del resto de los animales, a parte del privilegio de reír: tener un vicio además del sexo. No sé si todos los vicios sean malos, no sé si todos los vicios maten. Cuando muera de escribir, como muchos en este país, ustedes ya se habrán enterado. Muchos escribirán, muchos repetirán que escribir es dañino. Se convertirá entonces en un acto de rebeldía, porque hay que admitirlo: nos encanta hacer lo que nos prohíben.

28 jul 2010

nunca: nunca

Llegaste un día a las malas. Sólo al siguiente ya no querías irte. Esas ganas de quedarte crecieron contigo, con el tiempo, con tus manos, con tu nariz, con tu voz y con la cantidad de palabras que con ella podías pronunciar. No estuviste sola. Ni un día, ni un instante. Conseguiste acostumbrarte a esa compañía, y no sólo acostumbrarte sino también llegaste a amarla: la amas. Sin darte cuenta te convenciste de que eras capaz de lograr cualquier cosa porque eras infinitamente feliz, a pesar de cualquier pequeña coyuntura que pudiese irRITArte. Pero un día te notificaron que todo estaba por acabar, que cambiarías tu vestimenta y tu vocabulario; que lo que habías soñado hace tiempo, sentada en la sala con tus papás, pensando qué ser cuando grande no sería posible si no te alejabas. Diversos miembros de tu vida lo iban tomando de diversas maneras. Unas se iban, unas se irían, unas se quedaban, otras te olvidarían. Tú estabas segura de que tú no te irías, tú te quedarías, tú no olvidarías nada. Estuvieras donde estuvieras serías tú, porque eres lo que sientes, eres lo que recuerdas, eres lo que fuiste, lo que fuimos. Supusiste entonces que nadie se va del todo, que cuando grande quieres ser feliz y que por eso mismo ya eres grande hoy. Porque no olvidas, sabes que así estés lejos recuerdas y te recuerdan. Hoy sólo un montón de imbéciles te insultan diciéndote que empiezas la mejor época de tu vida, que ya eres grande, que lo disfrutes, que te tienen mucha envidia. Basta ya, exige respeto. Tú y yo sabemos dónde quieres estar, con quiénes encontrarte, con quiénes gritar, de qué color vestirte. De todos modos, crecerás como tu voz, otra vez. Conocerás otras personas, otros métodos, otras ideas y así estemos lejos, nunca: nunca olvidaremos.

27 jul 2010

this is your song

Sobre tu piel, un camino infinito
trazan mis dedos.
Un camino que no es nada.
Que sólo yo pinto.
Un camino de música
que tú y yo,
sólo tú y yo sentimos.

25 jul 2010

el mismo plan de la otra vez

Fue igual que hace catorce años. Dormiste muy poco. No era ansiedad, eso sí fue distinto. O por narcisista, o por miserable, o por suficiente, o por inútil, en ningún momento requeriste de compañía. Era bueno cuando aparecía y también cuando no. En los momentos en los que los que no, eras absolutamente libre de observar y reírte por dentro de lo que veías. Nunca estuviste sola. Ni siquiera en ese espacio oscuro, frío y desolado, poblado solamente por cien almas en pena que misteriosamente decidieron encontrarse a la misma hora, mismo lugar, mismas intenciones, y todo eso sin conocerse. Qué curioso. Repartieron escarapelas, como hace catorce años. Para no perder la costumbre, decoraste la tuya como cuando tenías cuatro. Recordando la rutina, en silencio buscaste una silla. No en la esquina, para parecer amable. Luego, sacaste tu celular y miraste la hora. Eran las ocho. Buscaste en la memoria, empalmaste, concluiste y supiste que los últimos días son mejores que los primeros. Pasaron las horas y a las diez y media en punto te dio hambre. Esta vez te fumaste un cigarrillo con las onces. Coca cola y palito de queso. No tenías a nadie más que a noventa y nueve coincidenciales compartidores de planes. A las diez y cincuenta creíste que el tiempo había acabado, pero aún faltaban diez minutos. Divagaste. Recordaste. Conversaste un poco con alguien de un país vecino de quien recuerda el nombre del país pero no de él. Extraño, extrañaste. Comparaste, diferenciaste, identificaste y comparaste lo actual con lo que habías vivido antes. Al menos el clima era el mismo. Volviste a casa con los pies igual de vueltos mierda, con el entusiasmo en las nubes y el autoestima por debajo de la estimación a quienes amas.

24 jul 2010

el andén

El man de siempre cruza la calle de siempre mientras el semáforo de siempre está en el color de siempre. Esta vez, dos extranjeras pelirrojas miran la escena con angustia; no saben qué hacer, si correr o llorar, si reír o caminar. Deciden inteligentemente y con afán sacar la billetera y pagarle al man por hacer lo que sea que estuviese haciendo. No es un pasea-perros normal, es un mendigo que amarra perros callejeros en cantidades abismales con cabullas y se deja guiar. De pronto por eso le pagaron. Yo me reí y miré al man. También me miró. Ambos nos reímos. Es que sacarle plata a gente con poca tintura en el pelo es tan fácil. Creo que hasta esa ni siquiera era la intención del man; uno muchas veces consigue lo que no busca.

Más abajo en la misma calle estaba alguien más. Dormía plácidamente a la sombra que pudiera hacer un poste a las seis de la tarde. No tenía frío porque no tenía que cubrirse. Tal vez, si las pelirrojas lo hubieran visto, lo habrían despertado para pagarle por eso. Al despertarlo le habría dado frío y se habría acordado de que tenía hambre. Mejor que durmiera con una alcancía al lado. Mientras tanto tomé el bus articulado. Me tocó en esos que tienen sillas enfrentadas y que obligan al pasajero a entablar relaciones visuales y mudas con el de adelante. Por la forma en que mi compañero me miraba, alcancé a sentir miedo. Trataba de mirar hacia la ventana, pero el vértigo y la curiosidad no me lo permitían por periodos prolongados. A todo el mundo le ha pasado, y casi a nadie han violado... digo. El compañero se bajó unas paradas antes que yo y todo volvió a la calma de mentiras de siempre.

Bajé del bus, tomé el túnel y después el puente. Mientras caminaba por el andén supe una vez más que es mejor ir de compras en las aceras. Existe una suerte de peluquería en la que cambian el look ahí no más. Venden comidas, ropas, accesorios, vicios, flotadores, zapatos, gafas de sol, gafas de aumento, minutos a celular, minutos a fijo, libros, películas, religiones y soluciones. Ay, si las pelirrojas caminaran más por los andenes que por sidewalks, sería el fin del primermundismo: estarían en bancarrota.

23 jul 2010

la década

Muy poca gente se da cuenta de que mientras se crece, el tiempo también pasa. Diez años se pasan volando cuando estamos al final de ellos, pero cuando pensamos en cómo seremos en una década creemos que nunca llegará ese día. Hay que preguntarle a cualquier persona qué se ve haciendo en diez años; habría que ser ciego para no ver cómo su mirada se eleva acompañada de una sonrisa llena de intriga pero a la vez de anhelo, mientras piensa en cuán feliz puede llegar a ser dentro de ese tiempo.

Somos lo que sentimos; somos nosotras. Somos la promoción dos mil diez; somos la Década. Somos tan diferentes que fue precisamente eso lo que nos unió todos estos años. No era la masificación de nuestras identidades sino la complementación entre ellas. Cada una fue quien quiso ser, y ojalá eso no termine hoy. Hoy nos vestimos así para demostrar que hemos logrado todo aquello que algún día nos propusimos, por eso no hay por qué tener miedo y dejar de ser quien cada una es. Que en el mundo, que en la vida nos caractericemos por ser felizmente lo que somos.

Supimos pelear, perdonarnos, caernos y curarnos. Todo eso lo hicimos juntas y todo pasó aquí. La indiferencia pudo confundirse con pereza, lo que nos enseñó que para crecer y ganar eso nunca funciona. Allá afuera cuentan con nuestra conciencia, creatividad y fe para lograr algún cambio en la vida de alguien más, en el país. Si antes nos quejábamos de que por jóvenes y prematuras no nos dejaban hacer nada, hoy no es el día para seguir diciendo eso. Muy dentro de nosotras existe una marca que, sin embargo, puede llegar a ser tan evidente como queramos. Porque aquí aprendimos muchas cosas, pero lo esencial fue darnos cuenta de que lo que verdaderamente vale es la manera en la que uno se relacione con la demás gente.

No podría callar mi gratitud hacia todas aquellas personas que creyeron en todas y en cada una de nosotras. Profesores, papás, amigos, hermanos, entrenadores, equipos, monitoras, trabajadores, empleadas y conocidos, que están aquí sentados, otros ya se fueron y los que se van: a todos ellos muchas gracias por creer, regañar, templar, forjar, amar y esperar de nostras siempre algo más. Al Colegio Santa María no hay palabra que logre expresar la magnitud de lo que siento por él, por lo que representa, por lo que nos enseñó dentro y fuera del salón. Independientemente de mis fijaciones políticas, mi color favorito es y será siempre el verde.

Parece ser que hemos ganado una batalla, pero no la guerra. Aún nos queda mucho camino por recorrer, muchos amigos por hacer y muchos perdones por pedir. No tenemos por qué obligarnos a admitir que ya no estaremos juntas, que cada quién redactará su suerte y que a duras penas nos acordaremos de las caídas de Luzjua o de las aventuras de Manaty. Si verdaderamente somos lo que sentimos, entonces nunca vamos a estar la una sin la otra. Crezcamos tanto como nos plazca, amemos tanto como podamos y perdonemos aún cuando ya estemos cansadas. Hemos vivido tantas cosas juntas, que se vuelve imposible desenredar cada memoria que nos queda. Valdría más conjugarlas todas en saber que cuando ocurrieron fuimos infinitamente felices.



Discurso de grado pronunciado el 18 de Junio de 2010

21 jul 2010

por si algún día muero

Lo chévere de la vida es que se puede acabar a cualquier hora, y es su esencia la incertidumbre que esto produce. Por eso, por si algún día muero:
1. Se iniciará una cuanta regresiva de treinta segundos en los que, quienes se sientan aludidos, serán libres de hundirse en lo más profundo de la melancolía y llorar lo que se les de la puta gana.
2. Finalizados los treinta segundos, se iniciarán los preparativos para la fiesta más grande de mi vida. Comprarán aguardiente, ron, cerveza, Jägermeister y tequila. Contratarán la orquesta de su preferencia. Eso sí, cantarán Canela de Cesar Mora.
3. Cuando ya esté todo listo, me cremarán y me meterán en una urna del Atlético Nacional.
4. Nos dirigimos a la fiesta, que será en el salón Rojo del hotel Tequendama, como el prom. No saldremos de ahí hasta dentro de diez horas... hasta que seles ponga la pollera colorá.
5. Cuando estén mamados, van y se bañan y se arreglan.
6. Al final, aunque no quieran vamos a misa. Pero a una chévere, que canten cosas que se sepan ustedes, que el padre no se demore en respirar y las sillas sean relativamente cómodas.
7. Cuando se acabe, me dejan en mi urna del Nacional en mi casa.
Gracias.

el no-poema del gato

En mi techo hay un gato
Que me da ganas de matar cada rato
¿Por qué el hijueputa felino
despierta mi instinto asesino?
Porque cuando llego mamada de Andino
El siete vidas cretino
Decide caminar por mi techo
Como si éste fuera severo trecho.


20 jul 2010

día de la independencia

Se subió al bus que vio con la ruta de siempre: 291. Siempre es un bus amarillo, a veces azul. Esta vez había un rock star deleitando con su voz a la esporádica comunidad del amarillo medio de transporte. Cantaba música para planchar acompañado de un amplificador plateado del que salía un cable negro que terminaba en un micrófono del mismo color. Del amplificador salía la melodía púrpura de una pista mitad karaoke, mitad canción de telenovela peruana. (¡Señorita Laura!)

Le tocó parada; no había sillas. Tenía mejor vista del artista. Sus manos se ensuciaron más por aquello de la falta de equilibrio causada por el andar del amarillo. Vio cómo la gente subía y bajaba, desviaba la mirada cuando sentía que había hecho contacto, la gente dormida contra la ventana dejando su mancha genética en el cristal cautivaba su interés mientras el cantante decía por enésima vez en el día su discurso de despedida. Se notaba que ya le había predeterminado un ritmo. Ella supo al instante que lo hacía así para no encariñarse, extenderse, melancolizarse y simplemente desabordar el bus.

El pragmatismo del discurso fue tal que ella lo imaginó literal: de repente la voz de la estrella cambiaba, ya no salía de las entrañas sino de la fosa nasal izquierda. No tomaba el micrófono con valentía y fulgor sino con afán y cansancio. Decía: "Muchasgraciasqueridosamigos, alseñorconductorunespecialsaludo. Ojalánoleshayainterrumpido ypuedancolaborarmeconcualquiercosita. Dioslesguardeylesmultiplique." El hombre bajó del bus con el dinero suficiente para otro pasaje.