4 nov 2010

acción de padecer

Colombia no es pasión. Si buscásemos el significado de "pasión", sólo encontraríamos definiciones relacionadas con la violencia, el desenfreno y el accionar descontrolado de lo salvaje. Pero, insisto, somos un país ignorante; que cree que "pasión" es cerveza Águila, el Pibe Valderrama y los cubitos de panela de Lucho Herrera. Entonces, claro, todos tenemos manillitas de SalvArte con nuestra bandera, vemos "La Pola" y Caracol Noticias, creyendo que nuestra indiferencia se ha quebrado, como Padres e Hijos.
Davivienda, Fruco, Coca-Cola, Postobón, son marcas en cuyas imágenes prima el color rojo. Siempre. Curiosamente, todas aquéllas hacen parte de las más exitosas en nuestro país. ¿Por qué? Por el color rojo, que nos alude -vuelve y juega- toda la sangre y la violencia que han sabido caracterizarnos todos estos años.





Ahora, no vengamos a decirnos que no sabíamos; que sólo nos gusta que Colombia sea "pasión" porque ha cambiado nuestra imagen en el exterior. Sinceramente, lo que piensen de nosotros al otro lado del charco me vale huevo, cuando entre nosotros no sabemos quiénes somos, qué nos identifica, qué somos o si somos pasión o no.
No pongamos por encima lo ajeno de lo propio. ¿De qué vale cambiar nuestra imagen externa, cuando por dentro estamos vueltos mierda? Nuestra salida no está en que Exxon-Mobil compre Terpel, o en que Evian invierta en Manantial, ni en que McDonalds compre Frisby. La solución la tenemos nosotros mismos, y que no la hemos querido practicar porque no la hemos visto; no nos la han dejado ver.
No sé qué seamos, pero estoy segura de que "pasión" no somos. No tengo ni la más mínima idea de qué seamos. Y si yo no sé ¿Por qué sí saben los que dicen que Colombia es "pasión"? No dejemos que alguien más nos diga qué somos, por simple pereza de averiguarlo nosotros mismos. No traguemos entero. Colombia no es un corazón mal pintado, con un fondo rojo y que le sale una suerte de llama del centro. Admitamos que esa marca nos gusta porque nos es común; porque ya estamos acostumbrados -lamentablemente- a padecer este país que se desangra día a día.