Hay amores y odios igual de naturales. No suelen fluírme los segundos. Prefiero, naturalmente, que sean amores todas mis conductas. Porque creo y siento que el amor es nada más que una forma de vida; en la que se basan decisiones, principios y prioridades. Me han tildado de despreocupada, insensible e -incluso- de egoísta. Sin entender que, en realidad, me esfuerzo por comportarme de maneras absolutamente contrarias. Tomen nota los que deseen pero, lo considero una muy efectiva estrategia de vida. Me amo, y eso me permite y me obliga a amar todo y a todos los que me rodean. Claramente, como vivo distinto, tendré problemas distintos; incluso, veré problemas donde nadie más los vea, y viceversa. Sin embargo, a veces me tranquiliza que me preocupen determinadas cosas. Porque, a pesar de que en ocaciones me queje de mi excesiva sensibilidad, sé que si yo no me preocupara, nadie más lo haría. Y como mi preocupación se caracteriza de responsabilidad e inconformismo, en el momento en que la siento, ya no me abandona hasta que la calmo.