14 may 2011

Querido diario, blog y lector,
anoche fue -sin duda- la mejor noche de mi corta vida. No especificaré detalles. Sin embargo, como en todas las mejores noches de todas las vidas, no dormí. Me levanté hoy con mis ojos queriendo cerrarse. Así anduve todo el día, mientras me acordaba de anoche. Finalmente, sentí el calor imaginario de una cama (porque sin ti ya no me da calor real). Me acosté. Puse National Geographic, para arruyarme. En cinco minutos, creo, me dormí. Era feliz, creo. Todo era cálido y perfecto hasta que mi papá, redundantemente, con su voz, me llamó. Me llamó. Me llamó. Maldita sea, me llamó. Me desperté. Abrí los ojos, bravamente. Me dijo algo que no me importó tanto como el volumen de su voz. Lo ignoré. Me cambié de cama. Volví a encontrar calor imaginario. Y aquí estoy, contigo y sin ti.