8 ago 2011

Tocaron música sin sonidos. Sólo con las manos, sin ningún ruido. La armonía era tal, que era mejor no prescindir de nada. Mientras el tiempo avanzaba, la salida se hacía más lejana. Lejos pero al borde de la aturdimiento, el volumen fue perfecto. Cuando está contigo, no le falta abrigo. Y no le teme al enemigo, sólo con un piano de testigo.