17 ago 2011

Últimamente y de ahora en adelante, cambio los buses cómodos y con olor a auyama, por los incómodos que no huelen a nada. A estos últimos es más común que se suba algún animador necesitado. Con esto me refiero a cualquier tipo de músico, comerciante, malabarista o retórico, a quien le sea necesario financiar sus estudios, medicamentos, familias, alimentos, o vicios, con las moneditas -que ustedes- generosamente les quieran brindar.
De dichos personajes quisiera rescatar solamente un par de cualidades. Por ejemplo, la timidez que logran ocultar perfectamente aprendiéndose de memoria cada signo de puntuación a recitar. Deestamanera,terminanhablandosinrespirarniparar,porqueosinoselesolvidaloquevanadecir. Así, evitan a toda costa establecer contacto visual con los pasajeros; se suben con gafas oscuras mientras atardece, y miran un punto fijo hasta que los ojos les lloran. Tratan de dirigirse a un solo pasajero, cuando les es estrictamente necesario, de la manera más rápida e indolora posible. Digamos, un comerciante ofrece su innovador producto (Chicles Videns. El comerciante hace especial énfasis en que son gomas de mascar avaladas por la Federación Odontológica Colombiana, y cuando digo Especial me refiero a que le da la vuelta a la cajetilla de los chicles y señala el logotipo de la federación, como si ningún chicle gozara de semejante aceptación) directamente a cada pasajero. Intenta usar la palabra "Disculpa" pero, sólo logra emitir un sonido que traduciría "Iscua". Y pasa rápido, de puesto en puesto diciendo: "Iscua, iscua, iscua", mientras ofrece chicles.
Admito que son divertidos. No me burlo, ni mucho menos. Me sorprende que me tuteen, por ejemplo; o que se suban campantes al bus, dirigiéndose a toda la comunidad de pasajeros como "¡Amigos!". Eso, todo eso me alegra el día. Porque, no tan en el fondo, lo que quieren es divertirnos. En el fondo real, están inmersos en tal miseria que los obliga a escoger el trabajo menos indigno y menos inmoral que encontraron. Obvio: están los raperos que deciden perder toda su dignidad, y cantar todas sus miserias y problemas y muertes y hambrunas en un solo rap, lo cual les genera más ingresos.
Yo quisiera que la gente les recibiera todo, sin compromiso; que los mirara a los ojos mientras hacen lo que sea que hacen; que los saludara, y hasta les siguiera el juego cuando su repertorio implique inclusión del público.