Una vez, escuché en Amor Estéreo que enamorarse es un estado de ánimo. Dado a que siempre me han gustado las fuentes fidedignas, di caso omiso de aquello. Hoy, no sé cuántos años después de ese día, he conseguido redactar un conocimiento a posteriori de lo que es -realmente- to fall in love.
Partamos de lo literal. En el inglés, se utiliza la palabra fall para describir parcialmente el estado de enamoramiento. Y es eso precisamente: caer. Caer, caer y caer. Caer tanto que se vuelva casi imposible volver a subir. Pero, para qué subir si estando caído todo parece más fácil... y lo es. De repente todo es luz, felicidad y perfección, más o menos como la Navidad. No hay defectos pues, habiendo caído todo aspecto se vuelve cualidad. Allá abajo, el tiempo, el qué dirán, la distancia y el dolor no tienen cabida. Y suena tan distinto de lo real porque aquel agujero queda bien abajo de lo que es habitual. Por eso, volver a subir se torna tan difícil. O, en su defecto, existimos personas que nos negamos rotundamente salir de allí. Cualquier esfuerzo que dispongamos resulta nulo, pues nuestro hueco es profundo, muy profundo. Esperamos que se nos inunde el hoyo, y que salgamos flotando algún día. Incluso, también, enviamos cartas al presidente de Chile, para que le pida ayuda a la NASA y nos rescate. Sin embargo, no podemos negar que preferimos seguir caídos.