Todas las noches rezo un padre nuestro. Lo hago únicamente por todos los secuestrados de mi país. Le pido a Dios que los llene a todos de fuerza, optimismo y fe; que los deje dormir, que les dé salud y que las cadenas no les abran heridas. Soy puntual y específica en lo que pido. Por experiencia, sé que ser ambiguo con el niño Dios no es muy favorable, y menos en época de navidades. En fin, sé que mi oración no va a hacer libre a nadie, excepto a mí. Sin embargo, considero que la fe -más que una relación con Dios- es una relación entre los seres humanos que la compartimos. Así, rezamos unos por otros, pedimos que recen por nosotros y nos piden que recemos por alguien. Y todos quedamos tranquilos; en paz.