Prefiero enredarme. Permanecer ahí. Que me apoyen, entierren, la quijada en el omoplato. Sentir que puedo descolgarme, dormir mis rodillas y fluir. Permanecer. Quedarme ahí. El mayor tiempo posible. Bailar el remix de nuestros latidos cardíacos. Mentira. No bailar: escuchar. Por eso, a veces siento que deberíamos ser más sedentarios. No movernos tanto. Internacional, transcontinental, mental, social, temporal, sensual, rítmicamente. Ver la vida pasar, sentados. Juntos. Todos. Sin conservar ninguna distancia a la que habría entre el camino y nosotros. Y, poco a poco, somatizar la tranquilidad de que el tiempo y todo va a pasar, excepto nosotros. Perdernos en nuestra amplia y diversa zona de confort, hasta que nos aburramos. Tendremos la certeza de que somos suficientes tal y como somos; que no necesitamos nada más: nada.