29 may 2011

Hoy parece domingo por la tarde. Llueve. No hay sol, ni cielo azul. Sólo hay nubes. Nubes grises. Tal vez, si las enfermedades se somatizan, uno tenga la capacidad de entender el clima como catarsis de uno mismo. Quiero decir: lo más seguro es que yo me sienta hoy como un domingo por la tarde; lluviosa, sin sol, ni cielo azul; sólo nubes: nubes grises. Es ese sinsabor de las obligaciones aplazadas, los abrazos no dados y las manos sin entibiecer. Para mí, eso es un domingo por la tarde. La ausencia más grande del derecho, sumada con la presencia abrumadora de los deberes. No preguntar después qué tienen los domingos en la tarde, que hacen que llore por delicadezas; por goticas, vienticos y fríos instantáneos.