Saramago dijo una vez que todo el tiempo le decían que hiciera ejercicio pero que, nunca había oído que le dijeran a un deportista que tenía que leer. Yo, por mi parte, uso el deporte para satisfacer una necesidad intelectual. Cuando algo me abruma, cuando no quiero pensar, salgo a sudarlo, a secretarlo todo. Literal. Digamos, hoy, cogí mi bicicleta y -como Forrest Gumop- quise seguir y seguir, hasta que la barba y el pelo me crecieran más de lo normal. Lo bueno de mi deporte, igual que el de Forrest, es que puedo parar cuando quiera. Parar y mirar. Parar, mirar; no pensar. Poder devolverme cuando, simplemente, no quiera seguir más. Siento que el deporte sacia mis necesidades intelectuales cuando aparentemente no hay qué las sacie. Es la orilla tangible durante el naufragio entre lo no.