31 jul 2011

la belle époque

Mi hermana acaba de llegar de un paseo. Se fue diez días a ser hospedada por una familia, prácticamente, nómada. Quiero decir, de esas familias que no tienen ni una silla pero, que se tienen a sí mismos... así mismos. Cargan todo en cajas herméticas. Y cuando digo "todo" me refiero única y exclusivamente a la comida. El resto, no les pertenece. Cuando se cansan de estar donde estén, cierran las cajas y se van. Andan hasta que llegan a otro sitio, arriendan otra casa (amoblada) y vuelven a abrir las cajas. No tienen sentido de pertenencia por lo material pero, me imagino que por el lado personal, deben tenerlo todo; deben tenerse todos.
En lo no muy profundo de nuestros seres, todos queremos -de alguna u otra manera- cambiar algo en el mundo en el que aparecimos. Vamos cargando esas estrategias, planes, metas y deseos universales hasta que, en dado momento, el universo entero se nos reduce a algo, a alguien. Hay, entonces, un cambio de curso mental, cardinal y sentimental. No es que nos conformemos, es que simplemente no queremos.