17 ago 2010

palmadita en la espalda

Mi primo llora porque no quiere quedarse en el colegio. Yo lloro porque quiero ir. Él tiene dos años, yo tengo diez y siete. Dentro de mis escasos conocimientos en biología sé que cuando un estímulo es muy constante, el cuerpo deja de recibirlo. Así, a veces, nos acostumbramos a presidentes y olores feos. Por ahora sé que no lograré acostumbrarme a esto en mucho tiempo. Mi primo seguirá llorando las tres horas que tiene de colegio. Yo aguantaré el llanto como cuando uno se pega en el dedo chiquito del pie con la punta de la cama. Si no puede superarse, hay que vivir con eso. Admitiré, una vez más, lo paila que soy y viviré conmigo.