El Primiparismo es una subcultura por la que todo profesional tuvo que pasar. Existen algunos que les fascina y se quedan en ella más de seis meses, que es lo normal. Los primíparos son todos aquellos individuos a quienes de repente se les arrebatan sus rutinas, amistades, vestiduras, costumbres y rutas de transporte para ser introducidos en un medio agresivo, lleno de incertidumbres, en el que son vulnerables a cualquier cambio adicional que se agregue a este cambio radical.
Existe un pequeño grupo femenino que hace parte del Primiparismo cada año. Las miembros de esta fracción tienen un componente adicional que las hace más débiles ante las circunstancias. Al haberse acostumbrado por años a comer, tragar, manducar, engullir, devorar, zampar, masticar, mascar, ingerir, alimentarse, nutrirse todo el tiempo de cualquier cantidad de comida; al exponerse a esta transformación en sus hambrientas vidas su proceso como primíparas se desarrollará de una manera mucho más miserable que el resto.
Esto se puede sustentar con ejemplos urbanos y cotidianos de la vida normal de un pre primíparo, como lo son las comidas en clase, la venta ilegal de cheese cakes, pies, dulces, gomas, sánduches, napoleones, y demás vicios. También se conservan registros de hambrunas vividas en la selva Amazónica por el grupo en cuestión. En estos casos, las individuas subsistieron más de siete días sólo comiendo bocadillos de guayaba. Dicen que algunas de ellas volvieron con secuelas psico-sociales después de haber sobrevivido a tal martirio.
Es así como, siendo parte de los primíparos, estas mujeres tienden a tener hambre a la misma hora. En otras palabras, tienen hambre siempre. También se les conoce por tener la prioridad de comer antes que tener con quién comer, o agrandar los combos que se pueden agrandar, o pedir dos combos sin opción de agrandamiento. En sus mentes también existirá la misma pregunta eternamente: "¿Alguien vende?" Y también cada una, se dice, que tiene una deuda mayor a los cien mil pesos con todas aquellas personas a las que les compraron alguna vez uno que otro brownie. Pero como en la vida no hay que hacer prejuicios, se les invita cordialmente a entablar vínculos amistosos con tales personas que, valga la redundancia, se hacen llamar con nombre de vegetal.