29 sept 2010

agua

Hay abrazos de abrazos. Están los que se dan, están los que reciben y están lo que son recíprocos. Hay unos que nunca se dan, pero que siempre se sueña con ellos; otros que aparecen sin que se esperen. Unos son cortos, unos largos y otros eternos. Hay unos en los que no quieres que te suelten, hay otros en los que no quieres soltar a nadie. Están los que son obligación, los que tienen mensajes entre líneas, los que incluyen palmaditas en la espalda y los que traen secretico en el oído. Hay unos que vienen con impulso, otros que se dan en medio de un salto y otros que son suerte de salvavidas. Está el abrazo que asfixia, el que calienta, el que cansa, el anhelado, el incómodo, el hipócrita, el de despedida, el de reencuentro, el de recién conocidos, el de para siempre y el de nunca más. Todos me gustan. Personalmente, prefiero esos que parecen vidas, vidas de videojuegos; saber que están en alguna parte del camino, que se alcanzarán y que implicarán paz, vuelo, libertad y compañía. Esos que duran cuánto se desee y, que mientras lo hacen, se alcanza felicidad plena. Prefiero esos. Muerte a los abrazos que no se dan.