Siento que soy todo lo que me pasa. En la vida, nada pasa porque sí. Todo trae consigo su consecuencia. La libertad consiste en optar por diversos modos de ser consecuente, de responder a los totazos que te dé la vida de la manera más creativa y original posible. Hoy, yo alcanzo a numerar tres totazos. Uno a los once años, otro a los diecisiete y otro hace ocho días. Sé que no se me van a olvidar. Sé que no los voy a olvidar porque -además de dejar su marca en mi memoria- lo hicieron en mi carácter. Y no lo hizo el hecho de que fuera víctima de ellos, sino la forma cómo, con quién, cuándo me libré de aquéllos.
Nada pasa porque sí. No todo le pasa a todos. Así, forjamos destinos diferentes y nos comprometemos con preocupaciones individuales que componen nuestras respectivas esencias. Sin embargo, no creo que, ante las vidas de los demás, seamos simples espectadores. Somos lo que nos pasa y todo pasa porque alguien más lo causa, hasta uno mismo. Yo admito que me compone mucha gente. En ese caso, no he de ser la única y nos componemos, nos diferenciamos, nos identificamos, nos amamos entre nosotros. Todo el mundo lo sabe, pero casi nadie lo admite. We were the victims of ourselves.