28 jul 2010
nunca: nunca
Llegaste un día a las malas. Sólo al siguiente ya no querías irte. Esas ganas de quedarte crecieron contigo, con el tiempo, con tus manos, con tu nariz, con tu voz y con la cantidad de palabras que con ella podías pronunciar. No estuviste sola. Ni un día, ni un instante. Conseguiste acostumbrarte a esa compañía, y no sólo acostumbrarte sino también llegaste a amarla: la amas. Sin darte cuenta te convenciste de que eras capaz de lograr cualquier cosa porque eras infinitamente feliz, a pesar de cualquier pequeña coyuntura que pudiese irRITArte. Pero un día te notificaron que todo estaba por acabar, que cambiarías tu vestimenta y tu vocabulario; que lo que habías soñado hace tiempo, sentada en la sala con tus papás, pensando qué ser cuando grande no sería posible si no te alejabas. Diversos miembros de tu vida lo iban tomando de diversas maneras. Unas se iban, unas se irían, unas se quedaban, otras te olvidarían. Tú estabas segura de que tú no te irías, tú te quedarías, tú no olvidarías nada. Estuvieras donde estuvieras serías tú, porque eres lo que sientes, eres lo que recuerdas, eres lo que fuiste, lo que fuimos. Supusiste entonces que nadie se va del todo, que cuando grande quieres ser feliz y que por eso mismo ya eres grande hoy. Porque no olvidas, sabes que así estés lejos recuerdas y te recuerdan. Hoy sólo un montón de imbéciles te insultan diciéndote que empiezas la mejor época de tu vida, que ya eres grande, que lo disfrutes, que te tienen mucha envidia. Basta ya, exige respeto. Tú y yo sabemos dónde quieres estar, con quiénes encontrarte, con quiénes gritar, de qué color vestirte. De todos modos, crecerás como tu voz, otra vez. Conocerás otras personas, otros métodos, otras ideas y así estemos lejos, nunca: nunca olvidaremos.