Todo echa y tiene raíces. No importa dónde, ni cómo. Las raíces están. Implican consecuencias, premios y promesas. Somos raíces entre nosotros. Una maraña indistinguible de relaciones, recuerdos y planes. Echamos raíces en los demás. Por eso, despedirse es tan difícil. Estamos arraigados a todo, así alardeemos negándolo. Enraizados en lo que somos, fuimos y queremos ser; en quienes queremos y nos caen mal. Claramente, jamás flotaremos sin cable a tierra.