26 mar 2011

pocaluz


Se dice, me gusta creer, creo que el mejor antídoto contra la guerra es un profesor. Estoy segura de que lo leí en medio de un arranque de curiosidad, mientras me paseaba por el sitio web de los terroristas de mi país (Y con terrorista me refiero a cualquier bando que pudiera tener la guerra). Esta idea me la fomentó una película que vi el viernes. Se llama "Los Colores de la Montaña", es colombiana y muy mala. Yo soy de los feligreses que todavía creen en el cine colombiano, por eso voy a cine como una madre expectante cada vez que sale una. No puedo negar que cada vez mi decepción es menor. De todas formas, por más mala que sea la película, siempre salgo divagando del teatro.

Pienso que el cine que hacemos aquí siempre tiene el mismo tema. Y todos saben cuál es: la guerrilla, los desplazados, las metralletas, las vacunas, las extorsiones, las reuniones, la miseria, la injusticia, el rebusque, la informalidad y, claro: no puede faltar jamás un libertario ambicioso que esparza esperanza entre sus comunes, que al final también matan. Siempre es igual. En la película del viernes, dicho libertario era una mujer. Más exactamente, una profesora.
Valientemente, esta mujer decide ir a enseñar a una escuela rural en una vereda de Antióquia, que está plagada de paramilitares y guerrilleros. Mediante la película avanza, la escuela la pintan de graffitis, tanto los paras como los guerrillos. La profesora decide, entonces, taparlos con un mural que pintan los niños. Al final, la profesora es obligada a dejar la vereda porque la amenazan de muerte por ese acto.
Yo también tengo profesores que odio y que me odian. Pero, sin duda y cuando sea capaz, quiero unírmeles. Y tapar con colores todo aquello que sobre. Porque estoy segura de que educar, enseñar, compartir, regalar, dar lo que uno sabe es el camino más corto hacia la paz. Tíldenme de lo que quieran, but I'm not the only one. Si la gente que mata a otra gente le tiene tanto miedo y rabia a los profesores, ha de ser por algo. Yo pienso descubrir y probar -con mi vida- por qué los lápices son más peligrosos que las balas.